La vida se nos da vacía. Ortega y Gasset.

 Para Aroa, a ver si se quiere más.

Uno de los problemas más preocupantes con los que nos encontramos en nuestras terapias, es la poca autoestima que nos tenemos: “no me quiero”, “no me acepto”, “no me considero importante”.

Estas tres expresiones son las más comunes y no he visto a nadie que tenga fobias, pánico, agorafobia ni depresión que no las repitan en cada consulta.

“No sé cómo quererme, jamás lo he conseguido”, así razonan casi todas las personas con problemas psicológicos, no encuentran el camino que les lleve a quererse y a sentirse bien con ellas mismas.

Estas personas mantienen consigo mismas una autocrítica, prescinden de su propia persona y se entregan a los demás para ir recogiendo, de los otros, ese cariño y esa aceptación que sí dan a los demás pero que a ellas mismas se niegan.

La autoestima es, siempre, la relación positiva que tenemos con nosotros mismos. Cuando la relación no es positiva nos está diciendo que no nos queremos demasiado ni poco: nada.

Del amor al odio sólo hay un paso y cuando no nos queremos lo suficiente, surgen la hostilidad, el desprecio y la falta de respeto hacia uno mismo: en definitiva, no nos llevamos bien con nosotros mismos.

¿Cómo conseguiré quererme? Aquí todos estamos de acuerdo: la solución ideal es comportarnos con nosotros mismos como nos comportamos con aquellas personas que queremos.

A las personas que queremos se le hacen favores, estamos a su lado, los protegemos, los elogiamos y les prestamos un amor incondicional ¿por qué a nosotros no somos capaces de darnos lo mismo?

A los demás les prestamos:

Amor incondicional: a nuestros seres queridos los amamos de una manera incondicional, lo hacemos no por lo que son, sino por quienes son. No les ponemos condiciones para quererles, una madre quiere a sus hijos no por sus títulos, su dinero, lo guapos que sean o lo listos que puedan ser, sino por quienes son.

Tampoco es correcto poner condiciones para quererlos: si apruebas o te haces famoso, si controlas tu peso, etcétera, el amor es incondicional y no requiere condición alguna.

Apoyo y ayuda en todo lo que precisen y tengan necesidad. No hay condiciones, salvo lo que no podamos realizar, aún así estaremos a sus lado.

Estaremos en los momentos difíciles, les ayudaremos a conseguir lo que ellos no puedan, para que se sientan queridos. Y no sólo los apoyamos en las cosas materiales, sino que estamos ahí prestándoles nuestro apoyo moral cuando tratan de sacar sus estudios, sus planes de trabajo, en definitiva: estamos a su lado para todo lo que necesiten.

Lo que sí está claro es que vamos a apoyar a las personas queridas en todas las situaciones que les puedan resultar complicadas y, sobre todo, no las dejaremos de lado en ninguna circunstancia.

Consuelo: siempre, y sobre todo, en circunstancias negativas estamos todos al lado de los seres queridos, nos los abandonamos y les proporcionamos todo el consuelo que puedan necesitar.

No sólo es apoyo físico o moral, sino que les proporcionamos el consuelo que necesitan, estamos con ellos y, aunque no hablemos, nuestro abrazo los acompaña.

Protección: estar al lado de un ser querido para prestarle protección en todos los avatares de su vida, es algo que sucede con frecuencia. De tal forma que si les hacen daño, les critican o cualquier otra respuesta negativa, allí estamos nosotros para darles la protección  que necesiten, y lucharemos para defenderlos y arroparlos en todos los problemas a los que tengan que enfrentarse.

Elogio: a los que queremos siempre se les valora positivamente, siendo capaces  de ver sus virtudes y recursos y, por supuesto, felicitándolos por los logros conseguidos. Cuando alguien consigue una meta: terminar una carrera, se compra un piso u otro logro de cualquier tipo, lo felicitamos sin  ningún rencor, lo valoramos como si lo hubiéramos conseguido nosotros, con alegría, felicidad e inmenso gozo.

Si ocurriese lo contrario podemos ser críticos, pero de forma constructiva, de tal forma que pueda evitar, en el futuro, cualquier fallo que le impida conseguir sus logros.

Así queremos  a todos los que nos quieren y queremos y, lógicamente, recibiremos lo mismo.

¿Pero cómo es posible que seamos capaces de realizar con los demás estas respuestas y no podamos hacer, con nosotros, lo mismo?

Cuando somos capaces de realizar algo en la vida, es señal de que tenemos esos recursos y por tanto podemos realizarlos con nosotros mismos: nadie puede dar aquello que no tiene.

Alguien que no se quiere, que no se valora, es como si fuera alguien que carece de lo más básico. No se puede ir por la vida sin esa aceptación, valoración y amor incondicional que nos debemos como seres humanos.

Sin estas cualidades somos pasto de nuestros pensamientos negativos que, a su vez, nos inundan por los cuatro costados y terminamos despeñándonos en todo tipo de problemas psicológicos: ansiedad, depresión, fobias, pánico, etcétera.

Es imprescindible que nos queramos, sin este amor para con nosotros iremos dando tumbos por la vida y cuando nos demos cuenta que somos capaces de ayudar a los demás y no lo hagamos con nosotros, nos diremos: ya no puedo ayudarme, no valgo para nada, no iré a ningún sitio y sin embargo tenemos todo lo necesario para ser felices, aunque no confiemos en nosotros.

Aquí radica el problema, ayudamos a los demás y no somos capaces de reconocer que podemos y es necesario cambiar de hábitos, de ideas y lograr una unión entre lo que prestamos y lo que nos ayudamos.

Cuando somos capaces de querernos, de aceptarnos y de respetarnos, notamos que tenemos más paz, más equilibrio y mucho más valor junto con la confianza para conseguir los objetivos que nos hayamos propuesto.

“La vida, decía Ortega y Gasset, se nos da vacía” y nosotros tenemos que ir, poco a poco, llenándola de contenido. No es posible tener una vida plena sin querernos, sin aceptarnos, porque cuando la llenamos de miedos irreales, cuando nos estancamos en el pasado, es necesario dejar aquello que no nos aporta beneficio alguno, para vaciar nuestra vida de lo negativo y llenarlo de positividad y de esta forma conseguir una vida plena, real, sin miedos, depresión, fobias y lograr dar sentido pleno a nuestra vida, llenándola de positividad y dejando atrás, para siempre, la carga negativa que hemos adquirido  través de nuestra experiencias negativas irreales y faltas de confianza, amor y respeto en nosotros.

Tenemos una vida llena de aire y si nos fijamos bien llena de pensamientos negativos, de miedos irreales, de “rollos” mentales que sólo existen en nuestras mentes negativas, si fuéramos capaces de querernos incondicionalmente, de aceptarnos como somos y si podemos mejorar lo hiciéramos, de protegernos de todo lo negativo, no sólo lo que viene de fuera, sino lo que nosotros creamos sin parar, de consolarnos y elogiarnos, porque ¿a quién mejor que a nosotros mismos nos podemos hacer todo lo anteriormente comentado?

¡Podemos seguro!, porque a los demás les prestamos todos estos tipos de ayuda y ¿por qué a nosotros no nos lo podemos dar?

Seguro que después de leer este artículo, o al menos es lo que me gustaría que hicieras, tu vida comenzará a vaciar esa mente llena de negatividad y de irrealidad, que no son más que inventos nuestros, y una vez liberada de ese lastre, seguro que podrás remontar el vuelo hacia metas más realistas llenas de paz y equilibrio: ¿sabes una cosa?, si quieres puedes, inténtalo y verás cómo sí lo consigues, porque si confías en ti, tienes recursos más que suficientes para lograrlo.