A continuación te voy a relacionar cómo superar un ataque de pánico, de agorafobia o incluso un ataque de ansiedad.

Todo este decálogo es igual para todos los que padecen ansiedad en sus distintas modalidades. Si conseguimos, poco a poco, ir realizando los pasos señalados habremos conseguido reencontrarnos con nuestro equilibrio perdido y volveremos a caminar por la senda de la realidad. Son una guía que todos los psicólogos la solemos plantear porque en ellos están las claves para dejar la ansiedad para siempre. ¿Te atreves a intentarlo? Si quieres yo puedo caminar contigo en este trayecto para que no te sea tan gravoso, está en tú mano, envíame un correo y comenzarás a sentirte cada día mejor. Te dejo a ti la elección.

Primero: Todo lo que siento es nada más que una exageración de las reacciones de mi cuerpo ante un estímulo de tensión. No importa si es miedo, terror, sorpresa o si experimento un estado de irrealidad o inestabilidad, yo misma estoy provocando lo que me ocurre.

Segundo: No estoy enferma. Sentir lo que siento me causa displacer y angustia, pero no significa necesariamente la locura. Nada puede sucederme.

Tercero: Acepte  el pánico. No intente escapar de él. Las sensaciones de pánico lo han estado controlando. Usted misma las alimenta, haciéndolas más agudas de lo que realmente son. Deje de alimentarlas. Cuando el miedo aumente, respire hondo y relaje sus pulmones al momento de exhalar el aire. Siga intentándolo, quédese como si estuviera flotando en el espacio. Piense que puede hacerlo.

Cuarto: Trate de lograr la máxima comodidad en la situación, sin escapar. Si está en la calle, apóyese en un poste o en una pared. Si está en la sección de cosméticos de una tienda, busque el rincón más solitario. Si está en una boutique, dígale a la vendedora que no se siente bien y busque un asiento. Por ningún motivo se suba a un taxi y vuelva a casa. No huya.

Quinto: Cese de alimentar su miedo con pensamientos aterradores acerca de lo que está sucediendo o puede llegar a suceder. No se revuelque en su propia piedad ni piense, ¿por qué no puedo ser normal como el resto de la gente?, ¿por qué tengo que sufrir todo esto?. Simplemente acepte lo que está ocurriendo. Si lo hace, nunca más ocurrirá.

Sexto: Reflexione. Concéntrese. Dedique todos sus esfuerzos a descubrir lo que realmente está ocurriendo en este momento. No piense que algo terrible va a sucederle. No suponga que debe escapar para aliviar la tensión. Repita varias veces lo mismo. No caeré. No desmayaré. No moriré. No perderé el control.

Séptimo: Espere. Dale tiempo al miedo para que finalmente desaparezca. No huya; otros han encontrado la fuerza para vencer el problema. Usted también va a lograrlo. El origen del miedo radica en cómo los seres humanos nos dedicamos a alimentarlo. No alimente lo que más teme; no le dé posibilidades de crecer en su interior. Elimínelo desde la raíz, desde su nacimiento.

Octavo: Ha llegado el momento de aplicar las lecciones anteriores. No considere este mandamiento como un desafío, sino como una oportunidad de práctica. Si aún se siente aislado del espacio o desconectado de su propia realidad imagine que uno de estos días  podrá soportar la situación y decir: Lo logré. En ese momento sólo una palabra debe ocupar su mente: progreso. Ha avanzado varias etapas en el camino de la superación del individuo.

Noveno: Trate de distraerse. No le preste atención a lo que está sucediendo en su interior. Mire hacia fuera, a su alrededor, a quienes lo rodean en este instante de su vida. Piense en los seres queridos que lo esperan o simplemente observe a la gente que pasea por la calle o a los que viajan en autobús. Todos ellos están con usted, no contra usted.

Décimo: Es el momento en el que el pánico disminuye, sus efectos ya no tienen la misma intensidad del inicio. Relaje ahora su cuerpo, respire profundamente para continuar con sus actividades. El miedo está extinguiéndose, ya sólo es una llama leve en su conciencia. No deje de respirar, utilice las manos y el resto de su cuerpo para reincorporarse a la realidad. Nunca lo olvide: cada vez que logra sobreponerse a un ataque de pánico está aniquilando exitosamente el origen de su angustia.

 

 

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