El fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia”. H. Ford.

 

 Inteligencia es una capacidad de relacionar los conocimientos que poseemos para resolver una determinada situación.

Inteligencia: esta definición la aporta José Antonio Marina: “la capacidad de un sujeto para dirigir su comportamiento, utilizando la información captada, aprendida, elaborada y producida por él mismo”

Ser inteligente es saber elegir la mejor opción entre las que se nos brinda para resolver un problema.

Nuestra vida es, muchas veces, un continuo fracaso y, en la mayoría de las ocasiones, no sabemos salir de él: depresión, ansiedad negativa, crisis matrimonial, soledad, etcétera, etcétera, son ejemplos del fracaso al que nos conduce nuestra inteligencia.

¿Por qué todo es un fracaso de la inteligencia? Todo nuestro comportamiento nos lleva a utilizar la inteligencia para llegar a buen puerto y a conseguir encontrar el camino, que todos buscamos con ahínco y frenesí, de la felicidad. Y sin embargo embarrancamos continuamente y no conseguimos aquello que ansiábamos  conquistar, bien por nuestros prejuicios, dogmatismos, supersticiones o miedos que nos conducen  al fracaso o bien porque la utilizamos para reducir nuestra vulnerabilidad humana.

Pero cuando nuestra inteligencia es incapaz de ajustarse a la realidad caemos en la desdicha y aquí tenemos el fracaso de la inteligencia: ser incapaces de conseguir la felicidad.

En nuestra vida, llena de miedos, dogmatismos, supersticiones y prejuicios, estos fracasos de la inteligencia nos conducen hacia una incapacidad total para poder hacer frente a los estresores de la vida y caer una y otra vez en los problemas  que, cada día, vemos en las personas que, sin realidad alguna, viven arrastrándose en la búsqueda de la limosna que les garantice una vida sin futuro y sin felicidad, sólo pendientes de las migajas que caen de las mesas bien surtidas.

Los miedos sin realidad o los que conforman la ansiedad negativa nos impiden vivir y ser conscientes de que es posible una vida realista, son problemas, no enfermedades y que al fracasar nuestra inteligencia nos avocan a la miseria más absoluta: no podemos salir de casa, en todas partes hay temores o ideas irreales de dolor, muerte o ser incapaces  de comprobar nuestro fracaso de la inteligencia y salir de ese miedo provocado.

Los prejuicios son “estar seguros de una cosa que no se sabe”. Los prejuicios nos llevan a “a juzgar anticipadamente un hecho” antes de que suceda. Con frecuencia todos los prejuicios son peligrosos y como todos los fracasos de la inteligencia provocan daños inevitablemente: la historia está llena de crímenes y humillaciones cometidas por prejuicios sociales, políticos o religiosos.

Los dogmatismos, otro fracaso de la inteligencia, “se mueven en un círculo autosuficiente que se alimenta de sí mismo”. Cuando una previsión queda invalidada por la realidad, no se reconoce el error, sino que se introducen unas adecuadas variaciones para mantener la creencia previa, que en definitiva es de lo que se trata: tener siempre razón y mantener una creencia previa.

¿Y qué decir de las supersticiones? Estas son “una creencia muerta, desbaratada, injustificable, pero que sigue influyendo en un sujeto”, es una certeza injustificada, invulnerable a las evidencias en contra. Nuestra vida está repleta de supersticiones: no pasar por debajo de una escalera, no elegir el asiento 13, etcétera, etcétera. Como referencia nos puede servir el informe que habla de que el 47 por ciento de las mujeres confían más en su horóscopo que en sus maridos.

Los prejuicios, los miedos, los dogmatismos y las supersticiones  son, por tanto, claros ejemplos del fracaso de la inteligencia, que como podemos comprobar han dado lugar en la historia a atrocidades como la Inquisición o las guerras de religión, entre otras muchos ejemplos: buscamos más algo que no sea lo más objetivo, sino aquello que nos dé la razón.

Cuando caemos en la depresión o en la ansiedad negativa no cabe la menor duda que nuestra inteligencia ha fracasado, no nos ayuda a solucionar nuestros problemas, nos hunde en nuestras falsas creencias y nos impide ver la realidad, porque nosotros necesitamos tener otras ideas que aunque no nos ayuden, si estarán de acuerdo con los errores cognitivos citados.

La depresión, donde las personas se ofuscan en permanecer, a pesar de la evidencia en contra, en el pasado, el cual no podemos cambiar y que sólo hace que permanezcamos  quietos, como columnas, en nuestros problemas, no es nada más que otra forma de fracaso de la inteligencia.

Lo mismo que la ansiedad negativa que nos invalida para comprobar la realidad y nos empuja a la huida para que no nos haga daño, no es más  que otra forma cotidiana, y muy importante, del fracaso de nuestra inteligencia.

Los conocimientos que poseemos no nos sirven en estos problemas, y en otros mucho, para solucionarlos  definitivamente y por qué falla la inteligencia “puede fallar porque no dirija, porque no capte, porque no aprenda, o porque no sepa utilizar lo que aprende” que dice José Antonio Marina.

Reconduzcamos nuestra inteligencia. Aprovechemos los conocimientos que poseemos para conseguir vivir inteligentemente y poder evitar tantos problemas como tenemos y que, en realidad, sólo existen porque no utilizamos bien nuestra inteligencia.

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