Por el Psicólogo e investigador: ORIOL LUGO

 

El miedo es una respuesta natural de nuestro organismo que nos permite poder activarnos para mantenernos a salvo.

Los problemas aparecen cuando justamente nos encontramos en situaciones donde sufrimos por un exceso (fobias, ansiedad, ataques de pánico…), o por su completa extinción (lesiones cerebrales o afectaciones en las áreas límbicas del encéfalo…).

Podríamos pensar que una ausencia total de miedo o temor es una gran bendición. Pero, todo lo contrario. Las personas que debido a un accidente o a una enfermedad como podría ser un tumor cerebral, han sido afectadas por una alteración en sus amígdalas (regiones que regulan las respuestas emocionales del organismo), son más propensas a sufrir accidentes o a poner en riesgo su vida.

El hecho de no tener miedo, es como si de repente en nuestro coche todos los paneles y señales luminosas desapareciesen. Entonces, conducir sería una auténtica prueba de temeridad. Sería como hacer un trayecto sin saber si vas a tener suficiente líquido para los frenos, si tu motor va a poder aguantar o si tienes los ejes o la dirección realmente funcionado correctamente.

Esta situación traducida a tu día a día consistiría: en cruzar la carretera sin mirar, cocinar sin miedo al fuego o poder iniciar una pelea sin ningún temor a que en cualquier momento tu vida estuviera en riesgo.

Normalmente, en consulta lo más habitual son las demandas de las personas que se identifican más con el primer grupo, las que sufren por un exceso de miedo.

Las Neurociencias, que son las ciencias que estudian el cerebro, el sistema nervioso y sus relaciones con nuestros pensamientos y nuestros comportamientos ha podido investigar más acerca del miedo. Los resultados de las neuroimágenes (imágenes de nuestro cerebro) nos reflejan que sobre todo el temor se gestiona en las amígdalas y a través del circuito del Eje Hipotalámico-Pituitario-Adrenal (HPA).

Este circuito se activa cuando estamos frente a un temor o a un estímulo que nos genera tensión (tanto si es real como imaginario), y entonces nos ponemos en modo supervivencia. Este modo consiste en tres posibles respuestas: luchar, huir o congelarnos (parálisis).

El hecho de saber más sobre qué ocurre en nuestro organismo cuando sentimos miedo también nos ayuda a generar todo un cuerpo de técnicas y metodologías terapéuticas para así poder liberarnos con mayor facilidad.

Por ejemplo, técnicas que permiten la integración cerebral ayudan a que entre los dos hemisferios pueda fluir mejor la información y como consecuencia, que se relajen las zonas del límbico (áreas de gestión emocional; donde se encuentran las amígdalas). Algunas de estas técnicas son: las respiraciones relajantes, las visualizaciones de espacios de seguridad, las metodologías del EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento a través de los Movimientos Oculares Rápidos), el Mindfulness, psicoterapias cognitivas conductuales y también el uso de psicoterapias convencionales. Todas estas prácticas permiten que a nivel neurológico la respuesta del miedo pueda gestionarse y reducirse. Además que el/la paciente pueda generar nuevas conexiones entre las neuronas, es decir, que pueda conectar esos recuerdos de temor con nueva emociones de tranquilidad o de seguridad (conexión con los recursos personales que la misma persona dispone).

Al final una de las reflexiones que hacemos es que el miedo es una respuesta totalmente natural. Tenemos de alguna forma que empezar a aceptar y a comprender mejor esta emoción. La solución no reside en luchar ni en negar el temor, sino en poder aceptarlo, reconocerlo y poder trabajar con él.

Los miedos irreales hay que controlarlos con esas y otras técnicas para que una cuestión de supervivencia y adaptación no se convierta en un problema en nuestra vida

Las Neurociencias son una ventana hacia un futuro que cada vez es más presente y nos aporta luz donde antes quizás estábamos más a oscuras. Tus miedos pueden superarse con la ayuda correspondiente.

ORIOL LUGO

Psicólogo e investigador de la Universidad Ramon Llull de Barcelona.