“Miles de velas pueden ser encendidas por una única vela y la vida de esta no se acorta”.

 

El  concepto de madre ha cambiado mucho y ahora ya no “parecen” ser esas madres que todos hemos pensado alguna vez: la forma estándar de ser madre se ha modificado.

Antes, una madre, era una persona capaz de renunciar a todo para que todo estuviera bien, la que sabía esperar con paciencia, a la que podíamos llorar en su hombro, la que nos presta su apoyo y siempre está a  nuestro lado para ayudarnos a superar cualquier problema. Pero este concepto de madre es de cuando ellas eran educadas para ser buenas esposas, buenas madres, transmisoras de los valores, de cuidar y organizar el hogar, coser, guisar, limpiar, quitar piojos o hacer coletas.

Pero los tiempos han cambiado. Para triunfar hoy en día la mujer necesita ser buena madre, buena profesional, tener independencia a nivel emocional y económico, tener a su lado a un hombre que valore sus esfuerzos y trabajo, que la acepte tal cual es, cariñoso y compasivo y que sepa compartir con ella las tareas domésticas y la educación de los hijos.

Demasiadas exigencias y expectativas muy altas que conducen a crear “mujeres orquesta” que quieren estar en todo sin llegar a nada.

Lo peor de todo es que, algunas, si no cumplen con sus altísimas expectativas se sienten como “malas madres” porque  les es imposible cumplir con sus expectativas y con las obligaciones que le impone la sociedad.

No pueden poner su valor como madres en función del tiempo que dediquen a sus hijos, lo importante es valorar la calidad de las relaciones que tengan con ellos.

Tampoco es acertado “sentirse culpables” por compaginar su maternidad con su labor profesional, con hacer deporte, con ir a ver una película o leer un buen libro a solas. No sólo una mujer se completa con ser únicamente buena madre, es importante, además, tener su propio espacio y realizarse tanto profesionalmente como participar socialmente en su entorno.

Como decía Jill Churchill “ no hay manera de ser una madre perfecta, hay un millón de maneras de ser una buena madre”.

Lo ideal para ser feliz es compaginar su trabajo, su pareja, su vida social, el tiempo que se dedica a sí misma y a sus hijos, vivir con alegría y equilibrio la función que tenemos.

Dejen que sus hijos tomen sus decisiones desde pequeños, que se caigan y se levanten. No los sobreproteja. Los hijos son los que tienen que equivocarse y manejar sus frustraciones. No se sienta responsable ni pretenda evitar sus equivocaciones.

Para evitar estos sentimientos, muchas madres, les acaban sus trabajos del colegio, les recogen la ropa de la habitación, si se olvidan algo, allá está la mamá para llevárselo: hay que dejarlos que asuman las consecuencias, sus olvidos, de otra manera, los estamos educando en la irresponsabilidad, los apoyamos para que sean perezosos, poco organizados y despistados.

Con frecuencia, ante nuestro sentimiento de culpabilidad por no pasar más tiempo con ellos les compensamos con regalos, que normalmente ellos los valoran mucho menos que nosotros.

Las madres tienen derecho a tener tiempo para ellas y por tanto no hay que compensarlos por ello. Sí sería acertado dedicarles toda nuestra valía cuando estamos con ellos, así evitaríamos que cuando estamos trabajando pensemos en ser una mala madre por pasar poco tiempo con ellos o si está con ellos estar pensando en la reunión que tenemos con nuestro jefe o los correos por contestar: hay que vivir plenamente  el momento y no dedicarnos a pensar en algo que nos distraiga: si estamos con ellos vivámoslo con intensidad y no hagamos otras cosa que impidan esa vivencia equilibrada, por tanto evitemos estar en dos sitios a la vez y en ninguno.

Habrá que conseguir que respeten su tiempo, ser capaz de leer un libro sin que nadie le moleste con sus voces y ruidos, realizar deporte, hablar con alguien en  privado y sin tener que le persigan por la casa y alcanzar que los demás tengan la paciencia suficiente para saber esperar: hay otras personas que requieren su atención.

No es racional que la madre se valore sólo por la entrega a sus hijos, que siendo muy importante , tiene otros valores y cualidades como ser paciente, buena amiga, mejor esposa.

Y no digamos nada de no dejar la relación de esposa y entregarse sólo a la función de madre. Hay que reservar sitio para mantener buena relación con su marido, ser capaces de ver juntos una película, de salir a cenar o tomar una copa, ser compatibles para poder participar sin dejar de lado las funciones que le puedan corresponder como madre y esposa, como mujer y como amiga.

No aceptar que todo lo que ocurre a sus hijos es siempre responsabilidad de la madre. Hay que enseñar a vivir  con confianza, que respeten y exijan respeto, que sean honestos, compasivos y que sepan pedir perdón. Hace que sus hijos sean íntegros consiguiendo coherencia en su conducta.

No se puede olvidar que los niños no sólo se socializan en familia, sino que también influyen el colegio, los amigos y los medios de comunicación, intentando contrarrestar todo aquello que les puede llevar a desenfocar los problemas que le puedan presentar en su camino.