Muchos de los problemas psicológicos suelen conducir a este desgraciado final

Este es un tema que no podemos obviar debido, muchas veces, a que, algunos de los problemas psicológicos, suelen conducir al suicidio.

Hay muchas definiciones, veremos algunas de ellas. Según la OMS es: “todo acto por el que un individuo se causa a sí mismo una lesión, o un daño, con un grado variable de la intención de morir, cualquiera sea el grado de la intención letal o de conocimiento del verdadero móvil».

Otra que me gusta es: levantar la mano sobre uno mismo.

Émile Durkheim lo maneja como “toda muerte que resulta mediata o inmediatamente de un acto positivo o negativo realizado por la misma victima pero sobre esta índole no se contemplan los hechos accidentales por lo cual es necesario agregar que el suicidio será contemplado como tal cuando la víctima sabe con certeza lo que sucederá con su acción”.

Muchas personas se sienten molestas por la presencia de la misma palabra, pero por eso mismo hay que hablarla, decirla, examinarla y ver la forma de quitarle esa mancha negativa que lleva impuesta y, sobre todo, intentar evitar que las personas se quiten la vida, muchas veces, por problemas que hubieran podido ser evitados.

El suicidio es un problema muy complejo de comprender y de desentrañar pues, casi siempre, los sujetos desaparecen de la acción. Un problema añadido es que contiene sentimientos profundos cargados de afectividad que, a veces, nos impiden comprenderlo, entenderlo y ser capaces de asimilarlo y, no digo nada, de evitar que los que quedan estén libres de los sentimientos que los embargan: no sabíamos nada; ¿podríamos haberlo evitado?; ¿qué hemos hecho mal para que se vaya?, muchos interrogantes y pocas respuestas. De lo que había que estar seguro es de que, el que se suicida, ha elegido ese camino, en la mayoría de los casos, por su propio deseo y, casi nunca o pocas veces, han sido influenciados por nosotros.

Lo trágico del suicidio es que cada día hay más personas que levantan la mano sobre sí mismas; cada día se conocen más y más casos y, en la actualidad la crisis no ayuda, como en casi todo, nada o lo empeora.

Son 3600 las personas que se suicidan al año, en España y subiendo cada año más, es una bofetada a la sociedad. Nadie se compromete ni se pone en marcha para crear soluciones que bajen los índices de suicidios. Hace algunos años morían en las carreteras más de 3000 personas al año. Se ha luchado mucho y, bastante bien, y ahora estamos en unos niveles más aceptables, más normales, aunque nunca serán muy buenos, la vida de una sola persona vale muchos más, que podría ser posible reducirlos a unos valores más aceptables, pero la cultura de los que van al volante no permite, de momento, reducirlas.

Qué podría suceder si en España se tomaran mejores medidas para reducir el suicidio en vez de acallarlo, se le diera la importancia que tiene para la sociedad? Si se gastara la mitad del dinero empleado en reducir las muertes en carretera, que es necesario invertir, y se empleara en evitar los suicidios, seguramente, nuestros índices de suicidio bajarían en proporciones más que aceptables, pero es un hecho estigmatizado y guardado en el silencio y eso no da votos ni credibilidad ante los ciudadanos.

Qué sucede cuando conseguimos evitar un suicidio?. Nada, lo máximo es conseguir encerrarlo en un psiquiátrico, medicarlo hasta convertirlo en zombi viviente. Y de sus problemas que le incitaron al suicidio? alguno le ha hablado, lo ha escuchado, al menos una persona? han dialogado sobre su problema, que pudo haber acabado con su vida? no sería mejor haberlo dejado morir que tenerlo de por vida encerrado, convertido en un harapo y sin capacidad de decidir, pensar, amar? muchos interrogantes y ninguna respuesta, quizás para esto no merecía la pena haberlo salvado.

Émile Durkheim fue el primero que entre los factores del suicidio consideró de mayor importancia la implicación social que se tenga; los valores y las costumbres de una sociedad determinan cuáles son las causas que dan lugar al acto. Por eso el suicidio era un hecho social que sólo podía explicarse mediante otros hechos sociales. Antes de Durkheim se contemplaban otros motivos como: tener problemas mentales, factores climáticos o sociales.

También se dio cuenta que ciertas personas eran más propensas a suicidarse que otras: había más hombres que mujeres, más ricos que pobres, más solteros que casados, más protestantes que católicos. También se dio cuenta que había más suicidios en tiempos de cambios económicos e inestables que en tiempos de guerra.

Y ya que hablamos de estadísticas hay una que afirma: la mayoría de los suicidios ocurren los días lunes; la hora preferida suele ser entre las diez de la mañana y el mediodía, y la estación predilecta, la primavera.

Como en todo trastorno hay clasificaciones, en el suicidio no podía ser menos.

Durkheim, el famoso sociólogo francés clasifica el suicidio en cuatro tipos:

1º El suicidio egoísta. Este tipo está definido por su escasa integración social. Para Durkheim estar muy integrado socialmente es un salvoconducto que nos salva del suicidio. Suele tener lugar cuando un individuo está más aislado o cuando sus vínculos son demasiado débiles como para comprometer al suicida con su propia vida.

2º El suicidio altruista. Se produce cuando un individuo tiene unos lazos sociales muy fuertes: los hombres bomba islámicos que realizan el sacrificio por un beneficio de un bien superior. Se caracteriza por la energía pasional o voluntaria. Algunos hablan del suicidio altruista agudo, que también llaman “el suicidio místico: claro ejemplo de este es el ejército: saben que existe la posibilidad de morir pero si es por el hecho del patriotismo y la nación está concebido como algo bueno”.

3º El suicidio anómico. Se produce por la desregulación social. Cuando las personas se quedan sin normas como guías debido a la inestabilidad de la sociedad. Se caracteriza por la irritación y la aversión.

4º El suicidio fatalista. Se da cuando el individuo se siente muy regulado por la sociedad. Es el cometen las personas que viven irremediablemente sumidas en la desdicha. Un ejemplo sería el suicidio de un esclavo.

Las personas que intentan suicidarse con frecuencia están tratando de alejarse de una situación de la vida que parece imposible de manejar.

 

Muchos de los que cometen intento de suicidio están buscando alivio a:

– Sentirse como una carga para los demás.

– Sentirse como víctima.

– Sentimientos de rechazo, pérdida o soledad.

– Sentimientos de culpabilidad.

 

Los comportamientos suicidas pueden ocurrir por una situación o hecho que la persona ve como agobiante, tales como:

– El envejecimiento (los ancianos tienen la tasa más alta de suicidio).

– La muerte de un ser querido.

– El consumo de drogas o alcohol.

– Un trauma emocional.

– Enfermedad física grave.

– El desempleo o los problemas financieros.

 

Los factores de riesgo del suicidio en adolescentes abarcan:

– Acceso a armas de fuego.

– Miembro de la familia que cometió suicidio.

– Antecedentes de autoagresión deliberada.

– Antecedentes de abandono o maltrato.

– Vivir en comunidades en donde ha habido brotes recientes de suicidio en personas jóvenes.

– Ruptura sentimental.

Todos estos factores que hemos expuestos no necesariamente han de ocurrir en todos los suicidios, son aproximadamente los más llamativos, los más comunes, los que más destacan entre otros que muchos ni conocemos ni sabremos.

 

Síntomas

A menudo, pero no siempre, una persona puede mostrar ciertos síntomas o comportamientos antes de un intento de suicidio, entre ellos:

– Tener dificultad para concentrarse o pensar claramente.

– Regalar las pertenencias.

– Hablar acerca de marcharse o la necesidad de «dejar todos mis asuntos en orden».

– Cambio repentino en el comportamiento, sobre todo calma después de un período de ansiedad.

– Pérdida de interés en actividades que solía disfrutar.

– Tener comportamientos autodestructivos, como tomar alcohol en exceso, consumir drogas ilícitas o hacerse cortaduras en el cuerpo.

– Alejarse de los amigos o no querer salir.

– Tener dificultad repentina en el colegio o el trabajo.

– Hablar acerca de la muerte o el suicidio o incluso declarar el deseo de hacerse daño.

– Hablar acerca de sentirse desesperanzado o culpable.

– Cambiar los hábitos alimentarios o de sueño.

– Preparar maneras de quitarse su propia vida (como comprar un arma o muchas pastillas).

 

Prevención

El hecho de evitar el alcohol y las drogas (diferentes a los medicamentos recetados) puede reducir el riesgo de suicidio.

 

Prevención en hogares con niños o adolescentes:

– Almacene todos los medicamentos recetados en una parte alta y bajo llave.

– No guarde alcohol en la casa o manténgalo bajo llave.

– No guarde armas de fuego en la casa. Si las tiene, guárdelas bajo llave y las balas aparte.

– Muchas personas que tratan de suicidarse hablan de ello antes de hacer el intento. Algunas veces, simplemente hablar con alguien a quien le importe y que no haga juicios es suficiente para reducir el riesgo de suicidio.

 

Sin embargo, si usted es un amigo, miembro de la familia o simplemente conoce a alguien que cree que puede intentar suicidarse, nunca trate de manejar el problema por su cuenta. Busque ayuda. Nunca ignore una amenaza o intento de suicidio.

Quiero exponer aquí una serie de pensamientos de los grandes filósofos y escritores que han escrito sobre el suicidio: Albert Camus decía: ¨Hay un solo problema filosófico verdaderamente importante: el suicidio”.

“Que la vida vale la pena ser vivida es el más necesario de los supuestos y si no se lo asume, es la más imposible de las conclusiones” escribía George Santayana.

Plinio dijo: «de todas las miserias de nuestra vida terrenal, la posibilidad de urdir la propia muerte es el mejor regalo que Dios ha hecho al hombre”.

“Muchas veces ocurre que un hombre tan pronto como los terrores de la vida llegan al punto en que pesan más que los terrores de la muerte, pone fin a su vida”: Schopenhauer.

Thomas Szasz afirmó que: «el suicidio es un derecho humano fundamental. Esto no significa que sea deseable. Sólo significa que, si alguna persona ha decidido suicidarse, la sociedad no tiene el derecho moral de impedírselo a la fuerza”.

Para terminar no puedo menos que colocar la historia de Thitonus; Thitonus era el amante de Eos, el alba, quien pidió a Zeus que le concediera la vida eterna a su amante. Zeus le concedió ese deseo, pero ella había olvidado pedir que le diera también la juventud eterna. Imposibilitado para matarse, Thitonus vive eternamente y sigue envejeciendo. Ansía morir, y le dice su antigua amante:

 

«Fríamente tus sonrosadas sombras me bañan, frías

son todas tus luces, y fríos están mis pies arrugados

cuando pisan tus luminosos umbrales, cuando el vapor

se levanta desde esos sombríos campos que rodean los hogares

de los hombres felices que tienen el poder de morir,

y las carretas llenas de hierba de los muertos, más felices que los vivos”.

 

Parecerá que la mitología es algo pasado, que no tiene sentido en esta época, que está caduca y no es paradigma para los tiempos actuales.

Emily Dickinson que vivía recluida en Nueva Inglaterra, llegó a una conclusión similar acerca del descenso hacia la nada:

 

«El corazón pide placer, primero,

y luego, que no haya dolor,

y luego, aquellas pequeñas cosas

que calman el sufrimiento,

y luego, ir a dormir,

y luego, si la voluntad

de un inquisidor lo dispusiera

el privilegio de morir”.

 

A los bibliófilos le sugiero que si quieren ponerse en la piel de un suicida pueden leer la obra: The Sunset Limited, de Cormac Mcarthy. editada por Mondadori.

Otro día escribiremos sobre los problemas que pueden causar las drogas en nuestra vida.

Muchas de los conceptos expuestos aquí “han sido apropiados de otros pensadores” que debido a los azares de la vida me es imposible haberlos citado a todos. Pido perdón y reconozco su origen.