Dentro de lo que llamamos ansiedades sociales, todo el mundo las contiene en mayor o menor grado, pero si se convierten en factores perturbadores o debilitantes para el desempeño cotidiano de las actividades de cualquier persona, las podemos clasificar como fobias sociales.

Como toda fobia es un miedo irracional a algo y hemos evolucionado para temer ciertas cosas más que otras.

La fobia social es de una naturaleza compleja, provocada por cosas más complicadas que las simples fobias: contextos y situaciones.

Las fobias sociales siempre están basadas en el miedo a la reacción negativa de otras personas. La aprobación de los demás importa mucho, sin importarnos quiénes sean esas personas.

No se puede dar una fobia social si no intentamos predecir y preocuparse por las consecuencias negativas de la necesidad que se tiene de adaptación y aprobación social que nos gustaría obtener: hablar por teléfono, hablar en público, dar un concierto, actuar en el Karaoke, estar en la fila para pagar en un supermercado, etc. con lo cual aumentará el número de personas que se fijarán en nosotros y es cuando hace acto de presencia el miedo escénico: una percepción a realizar mal las cosas ante un público.

Todas estas personas con fobia social suelen producir conductas de evitación activa que les impulsa a huir de cualquier situación capaz de activar en ellos, la reacción fóbica.

Ante la huida se consigue, como en todas las fobias, un aumento de su permanencia en nuestro cerebro: “es como tapar con papel pintado el agujero de una ratonera en una pared de casa: al observador le parecerá que todo está bien, pero nosotros seguiremos teniendo problemas con los ratones”.

Debido a la necesidad de aprobación de los demás, podemos desarrollar un miedo irracional a que los demás tengan una opinión negativa de nuestra incompetencia.

Hablar en público es una de las situaciones más importantes para provocar una fobia social, de ahí que digamos con frecuencia: “prefiero morirme a tener que hablar en público”.

Cuando nos dirigimos a los demás, nuestro cerebro comienza a trabajar y nuestros pensamientos se vuelven negativos a toda velocidad: no les gustaré, se dormirán, los aburriré, haré el ridículo, todos sabrán más que yo, con esto habremos creado una fobia social que si no la afrontamos de raíz, nos impedirá llevar a cabo nuestras cualidades, recursos y valores psicológicos que poseemos: el qué pensarán los demás nos anulará.

¿Qué apodemos hacer? Solo podemos conseguir salir de esta fobia cuando comenzamos a pensar, de una manera positiva, que los demás no han dicho nada y que lo que estamos haciendo nosotros es adelantar e interpretar los acontecimientos de una forma negativa y con ello creamos una fobia, que como todas, son irracionales y nos impiden realizar nuestra realidad e interpretar de forma errónea una realidad que no existe.

Hay que comprobar si lo que pensamos es verdad y no una hipótesis que nuestra fobia negativa nos hace creer.

Cuando aceptemos que todo lo que hemos pensado no existe, que solo son pensamientos negativos irreales, habremos adquirido el equilibrio y la fuerza para erradicar este problema que nos hemos creado.

Para superar la fobia social, tienes que vacunarte contra la vergüenza innecesaria, vencer el temor a la crítica.

Quiero terminar con una frase de Epicteto que decía: “ un músico, por ejemplo, no siente ansiedad mientras canta solo, pero sí cuando aparece en el escenario, aunque su voz sea siempre hermosa, aunque siempre toque bien. Pero no solo desea cantar bien, sino ganarse el aplauso. Y eso no está en su poder. En suma, allí donde le asiste su arte, se siente seguro”. “Dicho de otro modo, tú no puedes controlar en último término si la audiencia aplaude o no; así pues, ¿por qué preocuparse? si puedes adiestrar a tu mente para actuar igual tanto si estás solo como si eres observado, no te verás perturbado por el pánico escénico”.