Siete grandes fuentes de felicidad: ingresos, trabajo, familia, comunidad,  salud mental, equilibrio psicológico y ayudar a los demás si se dejan

No hay que olvidar que a pesar de no tener los medios necesarios, el 60% de las personas con depresión pueden salir perfectamente en un plazo aproximado de tres o cuatro meses. Después de este período el riesgo de recaída es mayor si sólo han sido tratados con fármacos. Si han seguido un tratamiento mixto: fármacos y psicoterapia 3/4 partes no recaerán en un episodio de depresión durante los próximos años.

Dice Cowper: “como enseña la naturaleza, la felicidad depende menos de las cosas externas de lo que la gente cree”. Todo se gesta, o casi todo, en nuestro interior, si nosotros fuéramos efecto de nuestro exterior seríamos personas en manos de cualquiera que quisiera dominarnos.

¿Podemos controlar nuestro humor?

Como decía la esposa de Roosevelt “a nadie se le puede hacer sentir inferior sin su consentimiento”. No menos categórico fue la frase de Lincoln: “en el fondo la mayoría de la gente es tan feliz como decide ser”.

Lo realmente cierto es que podemos entrenar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestra conducta. No somos meras víctimas de nuestra situación ni tampoco de nuestro pasado. Por el contrario, podemos reconducir nuestros pensamientos perniciosos y sustituirlos por otros más constructivos, recurriendo a esa fuerza que hay en nuestro interior y que constituye lo mejor de nosotros mismos.

Es imposible ser feliz sin desarrollar una perspectiva positiva y una sensación íntima de poseer un espacio que en última instancia sea impermeable a los acontecimientos exteriores. Quizás sean palabras fáciles de pronunciar y difíciles de llevar a la práctica para la mayoría de las personas que no tengan una disciplina que le ayude. Así como para tocar un instrumento existen métodos también existen disciplinas para entrenar nuestra capacidad de ser felices.

Estrategias o disciplinas hay muchas: el budismo que se basa en conseguir la compasión a través del silencio y la meditación entre otras técnicas; la tradición mística, basada en las religiones teístas: catolicismo, protestantismo; alcohólicos anónimos y cientos de corrientes religiosas o laicas que ayudan con sus métodos a reequilibrar las consecuencias negativas que la vida nos proporciona.

La creencia en Dios parece venirle bien a la felicidad. Creer que el universo no carece de objetivo supone una gran ayuda, pero para quien sea incapaz de admitir esto, se puede creer en objetivos fijados por el hombre y si el objetivo es la felicidad humana la psicología tiene mucho que decir cómo hacerlo.

Terapia cognitiva: antiguamente se centraba, con Freud a la cabeza, en lo que había ido mal a las personas, estaba hipotecada en nuestro pasado. La psicología moderna está basada en nuestro presente, en lo que pensamos, lo que sentimos y hacemos. La felicidad consiste en equilibrar el desfase entre cómo percibimos la realidad y nuestras aspiraciones previas. Lógicamente la psicología cognitiva se preocupa de percibir la realidad tal cual es, no como nosotros quisiéramos que fuera. “La diferencia entre las personas felices de las que están sumidas en la desdicha está en la forma de interpretar y procesar las circunstancias de la vida”. Las mismas circunstancias son iguales para todos y sin embargo no todos reaccionamos de la misma manera. De ahí que según sea nuestra interpretación entraremos en la ansiedad, depresión o en un modo de vivir más objetivo y equilibrado. Pero siempre fracasaremos si nuestros objetivos son poco realistas, irracionales e imposibles de cambiar. Cuando miramos hacia atrás y no se puede cambiar lo sucedido corremos el riesgo de caer en la depresión, pero si pensamos en el futuro y además en plan negativo nuestro destino será la ansiedad patológica.

Por eso la psicología trata de controlar los objetivos poco realistas así como los pensamientos negativos. La realidad sólo se puede cambiar, si es posible, o aceptarla y optar por otras alternativas que nos lleven de nuevo hacia el fracaso. Aparte de intentar cambiar los hechos, si es posible, o en su lugar aceptarlos y buscar nuevas alternativas, existen otras conductas para afrontar la realidad: amargarse la vida o resignarse, estrategias estas últimas que nos conducirán  al fracaso más absoluto sin posibilidad alguna de reconducir nuestra vida.

Decían los filósofos antiguos: dime lo que piensas y te diré quién eres. Esta es una máxima que nos ayudará, sin duda a buscar el camino deseado.

Algunas personas dicen que no hay que pensar en la propia felicidad. Se trata de una filosofía triste, una fórmula para mantenerse ocupado cueste lo que cueste. Desde luego que no se puede ser feliz sin un objetivo más amplio que uno mismo.  Si te sientes triste tienes a tu disposición filosofías centenarias que pueden ayudarte. La felicidad, no te olvides viene de fuera y de dentro y no hay contradicción en ello. La mejor forma de vivir y ser feliz es cuando vivimos con significado, es decir entregándonos a los demás y sin olvidarnos de nosotros mismos. Hay quien se da a todo el mundo y él es un desconocido para sí mismo. El secreto es la compasión, la palabra más hermosa jamás escrita, hacia uno mismo y hacia los demás y el principio de la mayor felicidad es esencialmente la expresión de este ideal.

No hay que tener miedo a nada ni a nadie, hay que vivir seguros de nosotros mismos sin mezclarnos con pensamientos que no han existido y que nunca existirán, pues nadie tiene el poder de conseguir todo lo que piensa que va a suceder, pero la respuesta de nuestro organismo a ese miedo futuro será la infelicidad y la ansiedad.

Decía Séneca “que no hemos venido sólo a vivir, sino a vivir bien”. Conseguir vivir bien, o por lo menos intentarlo, es un aspecto de la inteligencia humana; si la inteligencia fracasa nos puede llevar al polo contrario: la infelicidad.

No es la vida de por sí ni buena ni mala: el bien y el mal dependen del sitio que le hagáis.

Después de haber repasado los problemas que se nos plantean en esta vida, viendo que la realidad nos lleva a la negatividad y nos induce a la melancolía, sigo pensando que en este mundo la vida que hay antes de la muerte no es vida; será porque no sabemos hacer otra cosa o quizás, y me inclino por esta idea, no tomamos en serio lo de ser feliz: eso es para otros yo he venido a sufrir y padecer y luego, quizás, obtenga la paz. No es así, tenemos la obligación grave de hacer del tesoro que poseemos: la vida, una nueva forma de ser feliz. Si conseguimos vivir bien nuestra vida seguro que todos los que están a nuestro alrededor participarán de ella y como una ola se irá extendiendo por el mundo y formaremos una nueva especie en el que el fin sea vivir plenamente nuestra auténtica vida antes de morir.

Para terminar os quiero leer una frase que escribió un famoso escritor en una felicitación enviada a una hija de su mejor amigo: “crea toda la felicidad que puedas; suprime toda la infelicidad que puedas. Cada día te dará la oportunidad de añadir algo al bienestar de los demás o de mitigar en algo sus dolores. Y cada gramo de felicidad que siembres en pecho ajeno germinará en tu propio pecho. Mientras que cada dolor que arranques de los pensamientos y los sentimientos de tus semejantes quedará sustituido por la paz y la alegría más hermosa en el santuario de tu alma”.

¿Piensas que tu vida va por el camino equivocado, que todo cuanto haces no encuentras consuelo ni paz y que nos ves forma de cambiarlo? Yo te ofrezco ayuda para que puedas cambiar de senda y encontrar la paz que necesitas, pero eso sí tendrás que trabajar para cambiar el sentido  a todo lo que te ha hecho llegar donde estás. No es difícil, tienes, seguro, cualidades y recursos suficientes para lograrlo, quizás no veas claro el horizonte, yo te ayudaré a que puedas encontrarlo y volver al lugar donde querías.

Yo estoy dispuesto a ayudarte ¿y tú quieres?