Si perdonas te liberas de tus enemigos.

                                             

     

Qué difícil es perdonar y perdonarse, todo un poema enfrentarse a estas decisiones, y sin embargo hay que tomarlas, pues de lo contrario nuestro equilibrio y nuestra vida pueden sufrir daños irreparables.

El perdonar y perdonarnos debe ser de una forma absoluta, de otra manera quedaríamos unidos a quienes nos han hecho daño.

Porque perdonar significa romper la unión con quien nos haya hecho daño. Mientras haya odio, rencor o dolor estaremos ligados a quienes nos lo han proporcionado y por supuesto, habrán conseguido su objetivo: hacernos daño y que este daño permanezca. Por el contrario, si hay perdón, nos liberaremos de esas personas para siempre. Seremos seres libres y ese vínculo que teníamos, desaparecerá y conseguiremos ser totalmente libres.

Perdonar no necesariamente significa reconciliarse con la persona que nos ha hecho daño, establecer de nuevo la relación o volver a ser su amigo, no. Cuando perdonamos apaciguamos la ira, el rencor y el odio que nos queda tras el daño recibido. Eliminamos de nuestro interior esa sed de venganza que nos invade, es a partir de este perdón cómo nos volvemos a recuperar nuestro equilibrio perdido.

Perdonar no es olvidar los hechos ni, mucho menos, negar la realidad: es aceptar y reequilibrar los sentimientos a través del polo opuesto de quien te ha hecho daño. Tan fácil y, la vez, tan difícil.

Cuando conseguimos liberarnos de este problema será el momento oportuno de enfrentarnos a nuestro futuro con la libertad e independencia total. De lo contrario, si no perdonamos, nos quedaremos anclados en el odio y en el futuro nos veremos imposibilitados para realizar proyecto alguno.

Cuando no perdonamos nos queda, siempre, esa sed de venganza que nos impedirá cualquier logro futuro. Ocurrirá todo lo contrario si hemos conseguido eliminar de nosotros cualquier tipo de dolor, rencor o sed de venganza.

No solo es necesario perdonar a los demás y liberarnos de su daño y dolor, sino que hay que saber perdonarnos a nosotros mismos de cualquier error cometido, de pasar página y desligarnos de los hechos o errores que hayamos podido cometer; decía Kant: “que es propio de sabios cambiar de opinión y de imbéciles no cambiar”. Hay que perdonarnos para evitar los vínculos posibles con nuestro pasado y así evitar quedar estancados esperando una liberación que no llega.

Solo podemos llegar a la autorrealización y la libertad desde el perdón. No hace falta que hayamos sufrido grandes traumas y desgracias para poner en práctica el perdón, pero sí es verdad, que cada día sufrimos pequeños percances que nos impiden realizarnos.

Y sin perdonar o perdonarnos es imposible que nuestra autoestima sea la adecuada a nuestras necesidades y cuando no nos ayuda a vivir adecuadamente, no es sorprendente que caigamos en la ansiedad, la depresión y todo tipo de problemas psicológicos.

Comienza a perdonarte y cuando lo hayas conseguido puedes generalizarlo a los demás y tendrás solucionados, si no todos, la mayoría de los problemas psicológicos que padecemos y así lograr que desaparezcan de nuestras vidas.

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