Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes. (Isaac Newton)

 

La ansiedad que por sí misma es una respuesta de supervivencia o una respuesta adaptativa, la hemos convertido en un peligro o problema de graves consecuencia.
Cerca de un 22% de personas en el mundo sufren sus consecuencias, bien como ansiedad generalizada, agorafobia, TOC y distintos tipos de fobias. La ansiedad negativa o inadaptativa, nos conduce a un camino sin retorno, la mayoría de las veces.
La ansiedad como respuesta adaptativa o de supervivencia nos ayuda, y de qué manera, a conseguir hacer frente a los problemas vitales que se nos puedan presentar. Ella nos prepara para buscar una salida coherente y eficaz para que ciertos acontecimientos no nos hagan daño y podamos salir airosos.
¿Qué sucede con a la ansiedad negativa? Que nosotros la convertimos en un problema en vez de una solución. Nuestro pensamiento negativo produce, por principio, un miedo, un miedo irreal que no existe nada más que en nuestra mente.
Es el miedo al miedo, no hay nada real, no sucede nada y, además, por muchas vueltas que le demos jamás sucederá aquello que tememos..
Un día nos encontramos con ciertas sensaciones negativas que no supi-mos identificar, a raíz de esto, producimos unos pensamientos negativos que nos llevan a pensar que nuestra vida está en peligro, que podemos perder el control, que nos podemos desmayar, en definitiva, que nos podemos morir.
A partir de este miedo nuestra vida se reduce a buscar “santuarios” protectores donde nos podamos sentir a gusto y sin esa manifestación de síntomas tan desagradables. Así, no salimos, no vamos donde siempre íbamos, no podemos realizar las actividades cotidianas, a partir de ahora, viviremos sólo para protegernos de este peligro en el que pensamos que vivimos.
No hay nada real, no existe evidencia alguna en la que podamos apoyar-nos para no seguir desarrollando nuestra vida anterior. Nuestro pen-samiento negativo se ha apoderado de nosotros y nos sentimos incapa-ces de controlarlos.
¿Cómo es posible que si me encuentro dentro de un autobús sienta que me ahogo, que las personas me incomoden de una forma exagerada, que no voy a poder salir si sucediera algo y, sin embargo, los demás via-jeros no notan, ni sienten, ni ven lo mismo?.
¿Seremos personas con súper poderes, que sabemos y creemos que todo lo malo que nos pasa por nuestra mente se convertirá en realidad?
Años y años de vivencia ansiosa nos han llevado a vivir en las catacum-bas, no salimos, no viajamos, no vamos a los grandes ni pequeños alma-cenes y todo por qué? porque estamos convencidos de que todos los males que imaginamos se van a convertir en realidad y, ante esto, no somos tan anormales como para salir o ir a estos sitios tabú.
¿Cómo podemos hacer frente a esta ansiedad negativa? Sólo hay un camino: afrontar los miedos, aproximarnos poco a poco para comprobar su realidad, o demostrarnos que son juguetes rotos en nuestra mente.
Nunca jamás ningún ansioso negativo ha sufrido los acontecimientos negativos con los que piensa que le pueden ocurrir, siempre ha huido de sus miedos para refugiarse en sus “santuarios” de seguridad.
Hay que comprobar y aceptar que si tenemos pensamientos negativos, seguro, que nos acompañarán los síntomas que toda ansiedad conlleva.
Cuando corremos, nuestro corazón se acelera para proporcionarnos energía y fuerza y lo interpretamos como algo normal, no nos asusta-mos; cuando tenemos resaca la aceptamos como algo normal después de pasarnos en la bebida, sin embargo no nos asustamos, son una consecuencia lógica.
Sin embargo cuando tenemos ansiedad nos asustan los síntomas que conlleva, no aceptamos que es algo normal que si hay miedos negativos e irreales, los síntomas son una consecuencia lógica. Si no bebemos no habrá resaca, si no corremos no habrá una respuesta cardiaca exagera-da, y si tenemos ansiedad tendremos los síntomas propios de una res-puesta de supervivencia.
¿Cómo lo podemos hacer? Sólo comprobando que lo que pensamos es irreal, que no podemos huir de la situación en pos de nuestro “santua-rio” de seguridad, pues al hacerlo retroalimentamos nuestro miedo y la ansiedad aumenta.
Sería muy importante intentar afrontar nuestros miedos irreales y así evitaríamos las consecuencias indeseables de los síntomas que nos acompañan y que son la causa primera de nuestros” males”.
Quizás, sin duda, nos falte confianza en nosotros, no seamos capaces de aceptarnos y esto unido, nos lleva a estar indefensos ante nuestros propios miedos: es muy importante que nuestra autoestima nos ayude a reequilibrar la situación.
Es muy trascendente tener coraje para hacer frente a nuestros miedos, con la seguridad plena de que conseguiremos controlarlos, pues la evi-dencia, que no hay nada de realidad en todo cuanto pensamos y, por tanto, el acertar está asegurado. Las costumbres se adquieren a base de repetir y repetir una acción concreta que nos lleve a controlar lo que deseamos: aprender a conducir, estudiar una carrera, alcanzar una meta, todo se consigue repitiendo lo necesario para alcanzar el fin propuesto.
Si nosotros repetimos y repetimos afrontar los miedos negativos y no abandonamos, por muy desagradables que sean los síntomas, seguro que conseguiremos vivir en libertad y no subyugados y dependientes de nuestros miedos; nuestra vida será, realmente, un oasis de paz y felicidad: podremos conseguir todo lo que nos propongamos y que no nos ha sido posible, antes, por miedo a esos pensamientos negativos que nos han cercenado días y años de nuestra vida.
Hay que pensar de forma más positiva, basándonos siempre en la reali-dad latente y no dejar que nuestra mente nos inunde con pensamientos negativos que nos separen de la vida en que sería equilibrado convivir.